Sistemas contracarro (II)

Cañones contracarro, cañones sin retroceso, municiones especiales, minas y explosivos


 

Sistemas contracarro (II)

Cañones contracarro, cañones sin retroceso, municiones especiales, minas y explosivos

 

Por Francisco Fernández Mateos

 

Cuando entraron en combate los carros, los alemanes los combatieron básicamente con las piezas de artillería disponibles que, dado su diseño, eran muy poco móviles y, por consiguiente, de eficacia limitada. Por lo tanto, fijaron su atención en los cañones más móviles y ligeros, que ya usaban como armas de trincheras o de infantería e, incluso, para instalar en aviones. Como ejemplos, destacaremos el cañón Becker de 20 mm o el 3.7 cm Infanteriegeschütz M.15 que culminaron, al final de la guerra, en el primer cañón diseñado expresamente para la lucha contracarro, el TAK 1918 o Tankabwehrkanone 1918 de 37 mm, para el que fue diseñada una munición perforante con capacidad de penetrar 15 mm de coraza a 500 metros.

En el período entreguerras, surgieron numerosas piezas ligeras contracarro, basadas en gran medida en el cañón de trinchera Becker. Entre esas piezas había modelos de 25, 37, 40, 45, 47, 50 y 57 mm que, si bien permanecieron en servicio durante algunos años, pronto se quedaron obsoletos dada la creciente protección de los carros. Por ello, ya antes de la guerra, comenzaron a proyectarse otras versiones más potentes, al tiempo que alargaron su vida útil con la incorporación de nuevas municiones de núcleo de tungsteno. Un caso especial fue el del PAK 36 alemán que, en 1941, quedó relegado a un segundo término, siendo rehabilitado el año siguiente con el empleo de una granada de carga hueca, la Stielgranate 41, que era introducida por la boca y se disparaba con un cartucho de propulsión; es decir, como si fuera una granada de fusil de gran calibre.

A lo largo de la guerra entraron en servicio cañones cada vez más potentes y, como es natural, tam­bién más pesados, de 75 – 76,2 – 81,4 – 85 – 88 – 90 – 94 y 128 mm, hasta el punto de que la Infantería tenía graves pro­blemas para su transporte. Dos claros ejemplos fueron el Pak 44 alemán de 128 mm y el 32 libras inglés de 94 mm, del que sólo se fabricaron dos ejempla­res, que necesitaban un vehículo pesado para su remolque, ya que pesaban unos 10.000 y 3.000 kg, respectivamente. Como es lógico, muchos de estos cañones sirvieron también para dotar a los carros y cazacarros, debidamente modificados.

Algunas pie­zas de Artillería también sirvieron en misiones contracarro, sobresalien­do los soviéticos de 76,2 mm y el famoso antiaéreo alemán FLAK 18 de 88 mm que, empleado con notable éxito en la guerra civil española, más tarde dio lugar al contracarro PAK 43 del mismo calibre.

Por razones obvias, a lo largo de toda la SGM, diversos países (Alemania, Bélgica, Checoslovaquia, EEUU, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rumanía, Suecia, URSS…), fabricaron sus propios cañones por lo que citarlos todos sería una tarea bastante tediosa y nada eficaz, sobre todo porque ya existe abundante documentación disponible. Sin embargo, sí me parece conveniente citar algunos modelos experimentales o de características excepcionales, entre los que cabe destacar los modelos magnéti­cos, los de ánima cónica y los de presión alta-baja alemanes, así como el cañón Smith de 76,2 mm británico.

La idea de construir un cañón magnético surgió el año 1902, vol­viendo a reaparecer en 1918, aun­que no se estudió a fondo hasta dos décadas más tarde, cuando el ingeniero ale­mán Otto Muck de la firma Siemens, propuso la fabricación de «un cañón eléctrico que puede dis­parar, sin ruido ni fogonazo, doce proyectiles por minuto con un al­cance superior a 250 Km. Los pro­yectiles son de calibre 150 mm y pesan 200 kg”. A finales de 1944, la idea estaba suficientemente desa­rrollada para la fabricación de un prototipo, pero finalizó la contienda antes de iniciarla. Hoy en día, aún siguen los estudios, siendo el gran consumo energé­tico el principal problema a resolver, si bien ya se están probando algunos modelos de gran tamaño sobre buques de guerra, por lo que es muy probable que, en breve, aparezcan otras versiones más pequeñas, de las que sólo existen algunos demostradores experimentales.

Los cañones de ánima cónica diseñados por el alemán Gerlich, según una idea patentada en 1909, estaban basados en un proyectil dotado de un collarín que quedaba aplastado al recorrer el tubo cónico, 15de manera que la presión de los gases aumentaba propor­cionalmente a la disminución de la superficie del culote del proyectil; consecuentemente, crecía la velocidad inicial y, por lo tanto, el poder de perforación. Los primeros modelos fueron versiones de 28 y 42 mm (21 y 30 mm en la salida) denominadas Schewere Panzer­büchse 41 y Pak 41, respectivamen­te, que proporcionaban una velocidad inicial superior a 1.220 m/sg. Poste­riormente, fue presentado el PAK 42 de 75 mm (55 mm de salida), del que se entregaron 150 ejemplares hasta 1942, año en que cesó la producción como consecuencia de la escasez de tungsteno, imprescindible para los proyectiles.

Por parte británica, tras diversos estudios realizados por el ingeniero checoslovaco Janacek y, después de las pruebas realizadas con un Gerlich de 28 mm, capturado en 1941, se decidió reali­zar el adaptador LittIejohn, empleado en diversos cañones monta­dos en vehículos acorazados, así como con el cañón norteamericano de 37 mm, aumentando considerable­mente sus prestaciones.

El grupo Rheinmetall-Borsig expuso en 1944 la idea de un cañón contracarro de poco peso denominado Sistema de Presión Alta-­Baja. Se basaba en que­mar el propulsor en una pequeña cámara cerrada (alta presión), per­mitiendo después que los gases pa­saran a una cámara mayor (baja pre­sión), en la que actuaban sobre el proyectil, que era una granada de mortero modificada con una carga hueca. La vaina del cartucho disponía de una tobera plana con ocho orificios, que permitía el paso de los gases entre el proyectil y la carga explosiva. El único cañón que entró en servicio con este sistema fue el Panzer Abwer Werfer 600 de 80 mm. Tenía un peso en combate de tan solo 600 gr y se pensó para sustituir a todos los cañones sin re­troceso, si bien solo fueron entregados a las unidades unas 260 armas y 34.800 granadas. Además, estudiaron varios modelos autopropulsados que tampoco pudieron desarrollarse.

El cañón Smith de 76,2 mm era una curiosa pieza, aún conservada en el museo Royal Armouries de Londres, de ánima lisa montada sobre una cureña con dos ruedas cónicas. Para entrar en posición había que volcarlo para que quedara apoyado en una de las ruedas, lo que le permitía un giro horizontal de 360º. Incorporaba un escudo protector y alojamiento para cinco proyectiles de uso inmediato. También fue construido un remolque de tipo cilíndrico para transporte de municiones. Las granadas eran similares a las de mortero con cabezas de guerra rompedoras o de carga hueca.

El cañón de trinchera “Becker” fue diseñado para dotar aviones, siendo muy usado en la PGM como arma contracarro.

 

El “Tankabwehrkanone 1918” de 37 mm fue el primer cañón diseñado expresamente para la lucha contracarro.

 

Al principio de la SGM se utilizaron muchos cañones de calibres pequeños como este “M3” norteamericano de 37 mm.

 

El “Tipo 1” japonés también era de 37 mm.

El “Pak 36” alemán de 37 mm fue revalorizado con la “Stielgranate 41” de carga hueca, que se aprecia sobresaliendo por la boca.

 

Al final de la SGM ya existían cañones como el “Pak 44” de 128 mm, cuyo transporte ocasionaba grandes problemas.

 
 

Cazacarros

Son realmente piezas autopropulsadas diseñadas expresamente para la lucha contracarro, por lo que deben montar cañones (misiles, los modelos más modernos) adecuados para esa función. Los primeros ejemplares alemanes fueron diseñados a partir de blindados obsoletos o capturados, sobre los que montaban cañones de distintos calibres en casamata (37, 47, 75, 76,2 mm…), aunque también se desarrollaron modelos de nuevo cuño, pertenecientes a las principales familias acorazadas, con cañones de hasta 128 mm, los alemanes, y obuses de 152 mm, los soviéticos. Algunas versiones iniciales, como los denominados Sturmgeschütz, fueron realizados como piezas de asalto para apoyo de infantería, sustituyendo en cierta medida a los más complejos y caros carros de combate, si bien pronto quedó claro que su principal misión debía ser la lucha contracarro, por lo que fueron dotados de cañones de mayor longitud de tubo y, por lo tanto, mayor capacidad contracarro, pasando a denominarse con el nombre genérico de Panzerjäger o Jagdpanzer. Entre los principales ejemplos a destacar, cabe incluir los pertenecientes a las diferentes familias de carros desde el Panzer I al Panzer VI, así como las numerosas versiones realizadas a partir de los blindados obsoletos o capturados, de procedencias muy variadas (Francia, Polonia, Checoslovaquia, Italia, Reino Unido, Unión Soviética…). Todos estos vehículos montaban cañones en casamata, con giro limitado de las armas, pero mucho más baratos y fáciles de construir que los modelos dotados de torres giratorias, como los norteamericanos. Solo a titulo anecdótico citaremos los siguientes: Panzerjäger I, Marder I/II/III, Sturmgeschütz III/IV (inicialmente fueron cañones de asalto), Panzerjäger 38(t) Hetzer, Panzerjäger III/IV Nashorn, Jagdpanzer IV y IV/70, Jagdpanzer V o Jagdpanther, Jagdpanzer VI o Jagdtiger…, así como los experimentales Grille 10, 12, 15…, VK 30.01 (H), Panzer Selbstfahrlafewtte IVa / V Sturer Emile / 7,5 cm L/40,8 / 5,7 cm L/70, etc.

Al igual que los alemanes, los soviéticos también diseñaron diferentes modelos de cañones de asalto / cazacarros, con montajes en casamata y con piezas cada vez más potentes, denominados SU (Cañón Autopropulsado, o ASU si era aerotransportable), seguido del calibre de su arma principal (cañón u obús). Entre los principales, encontramos los ASU-57/76, y los SU-85/100/122/152, aunque tal vez deberíamos incluir el KV-2, que era una versión del carro pesado KV-1, pero dotada de una torre de enorme tamaño que integraba un obús de 152 mm.

El US Army usó básicamente tres modelos de cazacarros (M10 Wolverine, M18 Hellcat y M36 Jackson), con armas de 76,2 – 76 y 90 mm sobre chasis derivado del carro Sherman, aunque disponían de torres giratorias, inicialmente sin techo que, al final, en muchos casos, recibieron protecciones superiores plegables como defensa frente a la metralla y equipos cazacarros.

Los británicos utilizaron el modelo Achilles, que era una versión del M10 norteamericano, y el Archer nacional, diseñado a partir del carro Valentine con cañón QF de 17 libras (76,2 mm) montado en casamata. Por otra parte, fabricaron 6 ejemplares del denominado Carro Super-pesado A 39 Tortoise que debería servir para el asalto a la linea Sigfrido, al igual que el prototipo norteamericano T 28 que, al usar cañones en casamata, deberían ser incluidos entre los cañones de asalto.

El Ejército italiano empleó ciertas cantidades de sus Semoventes con cañones de 47/32, 75/46 y 90/53 mm en montajes externos, sobre chasis de carros ligeros L 6/40, M 13/40 y M-15/42. Por supuesto, otros países como Rumania (Maresal de 75mm y TACAM R-2/T-60 de 76,2 mm) y Hungría (40/43M Zrinyi) también desarrollaron sus propios cazacarros, si bien construyeron cantidades muy reducidas.

Ya en la época de la Guerra Fría, continuaron usándose cañones contracarro de 85, 90, 100, 105, 120 y 125 mm, si bien fueron relegados a funciones secundarias, sobre todo en los países occidentales, ya que el peso principal de la defensa contracarro se centró en los cañones sin retroceso y, más tarde, en los misiles. En el caso de los países de influencia de la URSS y China, aún continuaron en pleno funcionamiento, junto a las nuevas armas. De hecho, en la actualidad, los únicos cazacarros en servicio son los modelos chinos como el Tipo 89 con cañón de 120 mm, si bien, a menudo, algunos carros ligeros son denominados cazacarros, lo cual puede ser aceptable si, efectivamente, son empleados como tales, lo cual no es así, ni mucho menos. El problema viene de la mala prensa que tienen los carros ligeros, más por su deficiente empleo que por sus verdaderas cualidades. De ahí que, desde hace muchos años, algunos Ejércitos vienen empleando la denominación de cazacarros, sistema de cañón móvil, sistema de cañón acorazado y otras similares, únicamente para no usar el apelativo de carros ligeros, aunque los usen como tales. Como ejemplos, encontramos desde el SK 105 Kürassier austriaco, AMX-13 y AMX-10RC franceses, Centauro italiano, MCV japonés, Stryker MGS norteamericano, Sprut ruso, Rooikat sudafricano, etc.

En resumen, las tendencias actuales nos indican que vamos hacia el abandono definitivo de los cañones contracarro y cazacarros dotados de cañón, mientras que todavía se mantendrán operativos algunos cañones sin retroceso, especialmente algunos ligeros como el Carl Gustav sueco y el Folgore italiano y, sobre todo, los misiles de segunda generación y superiores.

Cazacarros “Marder III M” sobre chasis de carro checo “LT-38”.

 

El Ejército español utilizó algunos ejemplares del “Sturmgestchütz III”, de los que se conservan tres ejemplares.

El “Jagdpanther” fue un excelente cazacarros del que solo pudieron fabricarse 382 ejemplares antes del final de la SGM.

El “Jagdtiger” fue el más potente de los cazacarros alemanes con 71 toneladas de peso y cañón de 128 mm, aunque solo 28 llegaron a entrar en combate.

 

Actualmente, el “Tipo 89” chino es el único cazacarros con cañón diseñado como tal en servicio.

 
 

Cañones sin retroceso

Para encontrar el nacimiento de los cañones sin retroceso, o lo que es lo mismo, cañones carentes de siste­ma de retroceso y recuperación, hay que remontarse hasta 1910, cuando un norteamericano, el co­mandante Davis, patentó una idea consistente en un cañón con dos tu­bos unidos por el centro a una recá­mara común. El tubo delantero dis­paraba un proyectil convencional, mientras que el trasero lanzaba un contraproyectil de igual peso y a la misma velocidad, pero en sentido contrario; de esta forma, las reacciones (retroceso) de los dos tubos se anulaban entre sí. La principal desventaja de este cañón era, como resultaba obvio, que necesitaba una gran zona de seguri­dad en la parte trasera. Para evitarla, o mejor dicho, disminuirla, fue sustituido el contraproyectil macizo por uno de grasa con trozos de plomo.

Cañones de este tipo fueron usados durante la PGM por el Servicio Aéreo de la Marina Real británica y por la RAF, aunque no se tiene constancia de su empleo en combate; sin embargo, se construyeron modelos de 2, 6 y 12 libras (1,57 – 2,45 y 3 pulga­das de calibre), algunos de los cuales se conservan en el Imperial War Museum de Londres. Posteriormente, se hicieron ensayos con armas de este tipo en Rusia y Ale­mania, que es donde realmente recibieron el impulso definitivo los caño­nes sin retroceso (CSR), especial­mente por parte de las firmas Krupp y Rheinmetall. La primera de ellas, siguiendo las teorías de Davis y Newton llegó a la conclusión de que en lugar de lanzar dos proyectiles del mismo peso y a idéntica veloci­dad, se podría lanzar hacia atrás un proyectil dos o tres veces menos pesado, pero al doble o al triple de velocidad. Siguiendo este proceso lógico, un chorro de gases a gran velocidad podría contrarrestar el retroceso del cañón. Para conseguir este efecto, se practicó un orificio en el bloque del cierre con un tubo venturi, que aceleraba los gases en su salida hacia la parte trasera. Los gases eran producidos por la carga propulsora que iba dentro de la vai­na del proyectil, cuyo culote era de material plástico que se fundía du­rante el disparo, permitiendo la sa­lida de los gases a través del tubo venturi. El primer cañón fabricado siguiendo estos principios fue el LG 1 de Krupp, más tarde conocido como LG 40 de 75 mm. Entró en combate por primera vez en 1941, durante el ataque a Creta, fabricándose un total de 450 ejemplares.

Los éxi­tos obtenidos por el LG 1 hizo que se encargaran modelos de 105 mm, tanto a Krupp como a Rheinmetall, dando lugar al LG 2 Kp y al LG 2 Rh, que entraron en servicio en 1943 con las denominacio­nes de LG 40 de 105 mm y LG 42, respectivamente. Inicialmente, to­dos estos CSR fueron ideados para susti­tuir a las piezas convencionales de Artillería, pero una vez comprobadas sus posibilidades se decidió emplearlos en funciones contracarro. Por ello, la empresa Bohler recibió la petición de desarrollar un modelo de 75 mm para Infantería que resultó ser excesivamente com­plejo y de pobres resultados, pasán­dose el encargo a Krupp que realizó un cañón de una gran sencillez de­nominado RfK 43 (Rückstossfreikanone – Cañón sin retroce­so). Era tan simple que carecía de elementos de puntería y de direc­ción, moviéndose a mano. Poste­riormente, aparecieron dos modelos de 150 mm para sustituir al obús de Infantería sIG 33 (LG 240 y LG 290), pero la escasez de mate­rias primas impidió su construcción en serie, entrando muy pocos en servicio. En 1944, fueron abandonados todos los proyectos de CSR en favor de los cañones de presión alta-baja, que no presenta­ban los inconvenientes del gran rebufo y excesivo consumo de propulsor.

Los británicos también estudiaron cañones sin retroceso, aunque no estuvieron listos antes del final de la guerra. Todos ellos fueron diseñados por el inventor Sir Charles Denistoun Burney, que siguió los mismos razonamientos que Davis y Krupp. Inicialmente, construyó una escopeta de cuatro cañones que le sirvió para experimentar, desarrollando después un cañón de 20 mm y otros de mayor calibre, que de­bían sustituir a diversas piezas de Artillería. Entre ellos, pode­mos destacar los de 87,63 mm, 93,98 mm, 95 mm y 119,38 mm, así como una versión de 7,2 pulgadas (182,88 mm), para ba­tir defensas de hormigón que fue abandonada antes de construirse en serie y otra de 8 pulgadas (203,2 mm), cuyo único prototipo reventó el tubo al primer disparo, por lo que también fue desechado. La principal dife­rencia entre los cañones Burney y los modelos alemanes, residía en que los primeros utilizaban una vai­na perforada y recubierta de una fina protección de latón, que se fun­día durante el disparo, permitiendo así la salida de los gases. Por otra parte, los gases no salían por un solo tubo venturi sino por varios (2, 4 ó 6). Es curioso que la serie de cañones BAT de 120 mm, que culminó en el WOMBAT, y que fue declarado reglamen­tario en 1954, utilizara el mismo sistema que los alemanes, es decir, con la vaina rígida de base blanda y un solo tubo venturi.

En los EEUU hubo dos proyectos paralelos de cañones sin retroceso: Por una parte, los realizados en la Sección de Artillería del Servicio de Investigación y Desarrollo, basados en un LG 40 de 105 mm que habían capturado, del que se diferenciaban muy poco; y por la otra, el denominado Kromuskit (derivado de los nombres de los diseñadores Kroger y Musser) que era en líneas generales muy pareci­do al diseño de Burney, aunque la vaina tenía muchos agujeros pequeños, en lugar de unos pocos grandes, y estaba revestida de material plásti­co. El primero de los proyectos dio lugar al obús de 105 mm T9 y a su versión para aviones con carga au­tomática (9 disparos) T9E2, ha­biéndose estudiado en 1945 otra variante de 156 mm, denominada T4. Por su parte, entre los modelos Kromuskit podemos mencionar el de 57 mm (del que se encargaron 2.000 ejemplares a principios de 1945), que fue seguido por el de 75 y 105 mm, aunque éste último no se fabricó en serie. Sin embargo, los otros dos modelos obtuvieron un gran éxito hasta el punto de que aún se utilizan en algunos países ibero­americanos. Finalmente, citaremos que intentaron realizar dos mor­teros sin retroceso de 106, 68 y 60 mm, que no pasa­ron de la fase de prototipo.

Durante la época de la Guerra Fría numerosos países fabricaron sus propios cañones sin retroceso que, junto a los diseñados tanto por los EEUU como por la URSS y China, dotaron a la mayoría de Ejércitos del mundo, manteniéndose todavía en servicio en muchos Ejércitos de segunda línea, dado el precio muy superior de los sistemas de misiles. Como simples ejemplos, citaremos los modelos M18 de 57 mm, M20 de 75 mm, M67 de 90 mm, M27 de 105 mm, y M40 de 106 mm norteamericanos, Modelo 1968 de 105 mm argentino, Tipo 36 de 57 mm, Tipo 52 de 75 mm y Tipo 65/78 de 82 mm chinos, T-21 y M-59 de 82 mm checoslovacos, M-55 de 55 mm, M-58/61 de 95 mm y proyectos Raikka (de 41 a 150 mm) finlandeses, EM 67 de 90 mm griego, Folgore de 80 mm italiano, M2/M3 Carl Gustav de 84 mm y PV-1110 de 90 mm suecos, Wombat de 120 mm británico, SPG-9 de 73 mm, B-10 de 82 mm, y B-11 de 107 mm soviéticos, y M-60/M-79 de 82 mm y M-65 de 105 mm yugoslavos.

Como simples curiosidades citaremos que el US Army recibió entre 1955 y 1957, un total de 297 cazacarros montados en un blindado ligero de 8,6 toneladas, destinado a prestar servicio en unidades aerotransportadas. Disponía de 6 cañones sin retroceso M40 de 106 mm y fue utilizado en Vietnam donde resultó muy útil como arma de apoyo de infantería, dado el escaso empleo de carros que hizo el Ejército nordvietnamita. En 1969, fueron dados de baja, aunque algunos ejemplares se mantuvieron en servicio varios años más.

Otro ejemplo muy curioso, en este caso para unidades paracaidistas francesas, fue el escúter Vespa 150 TAP (Troupes Aéro Portées) que entró en servicio en 1956, pesaba 90 kg y montaba un cañón sin retroceso M2 de 75 mm. Se llegaron a construir 500 ejemplares que fueron ampliamente utilizados en la guerra de independencia de Argelia.

Uno de los cañones sin retroceso de Davis usado por los británicos.

 

El “LG 40” de 75 mm fue el primer cañón sin retroceso fabricado por los alemanes en 1941.

Los CSR desarrollados por el británico Burney disponían de varios tubos venturi.

 

Ejercicios de tiro en la provincia de Gerona, justo al lado de la frontera francesa, con el CSR “M40” de 106 mm, que prestó servicio en el ET español, junto al “M20”.

 

 
 

Municiones especiales

Entre las más destacadas encontramos las de guía terminal, también llamadas inteligentes, que admiten ser proyectadas desde cualquier vector (morteros, artillería clásica, cohetes, misiles, UAV y aviones), tratándose en muchos casos de submuniciones multiuso. Al llegar a un punto preestablecido de la trayectoria, inician la fase de caída libre (con o sin la ayuda de uno o más paracaídas), durante la cual, el sensor – normalmente de ondas milimétricas y/o infrarrojos – busca y selecciona el objetivo más adecuado. A partir de ese momento, el sistema de guía la dirige mediante las correspondientes aletas hasta impactar con el blanco escogido o, en su caso, le lanza un proyectil autoforjado.

Aunque estos ingenios tienen una vida más bien corta, existen numerosos modelos en servicio, pero hasta ahora solo son usados por los países más poderosos. Como más conocidas señalaremos la granada británica Merlin para morteros de 81 mm (radar de ondas milimétricas), Strix sueca (sensor de infrarrojos), GM 120 y Fireball israelíes y la internacional M9351 para morteros de 120 mm, el cohete de 70 mm APKWS norteamericano con guía láser semi-activa, las submuniciones 155 ACED y Ogre francesas, Sadarm, Smart y Skeet norteamericanas, Bonus franco-sueca, y Smart 155 alemana. Un caso aparte es la nueva granada Excalibur de 155 mm también con guía láser que, con alcances de hasta 57 km, ya es utilizada por varios ejércitos (Australia, Canadá, EEUU, Noruega, Países Bajos, Suecia…). Por su parte, las empresas rusas ofrecen las granadas Krasnopol, Kilotov, Santimetr y Smelchak, que son controladas por un sistema láser semi-activo y sirven para morteros/piezas de artillería de 120 a 240 mm, al igual que submuniciones para diversos usos tales como la Motiv-3M, USM, PTAB, OFAB-50 y OAB-2.5, por citar sólo algunas. Por último, citaremos la existencia de una gran variedad de bombas de aviación como la familia Paveway II norteamericana que utiliza una guía láser y tiene un CEP de tan solo 5 metros. Por supuesto, gran parte de estas municiones no son realmente modelos contracarro ya que fueron diseñadas para batir objetivos estáticos, si bien en la lucha contracarro podrían servir perfectamente para cerrar puntos o zonas de paso obligado, o batir grandes concentraciones de fuerzas, por ejemplo.

A pesar de que no son municiones de guía terminal, es obligado mencionar los proyectiles de racimo cargados con submuniciones de carga hueca. Al batir una amplia zona, cuya extensión depende de la graduación de la espoleta, ofrecen unas excelentes prestaciones y a un precio muy inferior al de las municiones inteligentes. Entre las más interesantes cabe destacar las granadas para morteros de 120 mm M93 croata, M971/1 israelí, M894 nortamericana y MAT 120 española, así como la israelí Bantam que fue ideada para diversos tipos de armas (artillería, morteros, cohetes y bombas de aviación). Un caso aparte lo constituye el contenedor para aviones CBU-107 PAW norteamericano que, en lugar de cabezas de carga hueca, incluye varios miles de dardos de acero de alta dureza y diferentes tamaños. Sin embargo, tras la firma del Tratado de Oslo a finales de 2008, los casi 100 países que lo asumieron, entre los que se encuentra España, se comprometieron a no emplear las granadas o bombas de racimo, que de esta manera, han pasado a un segundo término, si bien algunas de las principales potencias como EEUU, China, Rusia, India, etc, no llegaron a firmar el tratado.

Como se aprecia en la imagen, la granada de mortero “Strix” de 120 mm dispone de una potente carga hueca instalada en su parte trasera.

 

Granadas “Krasnopol” y “Kilotov” de factura rusa, ofrecidas para todo tipo de armas.

 

Granada de 155 mm con submuniciones “Smart”.

 

Granada española “MAT-120” y sus submuniciones, cuya construcción fue prohibida tras la firma del tratado de Oslo en 2008.

 
 

Minas

Antiguamente, se denominaba minado al ataque realizado contra una fortaleza, realizando un túnel o mina hasta llegar debajo de las murallas, donde se practicaba una gran cavidad apuntalada con maderos. Finalmente, prendían fuego a los puntales, de manera que el peso de las murallas hundía el suelo, produciéndose una brecha en el muro. Los defensores de la muralla colocaban centinelas o escuchas para detectar los trabajos de mina y, cuando los localizaban, iniciaban la construcción de otras minas o contraminas desde el interior para ir en su busca, produciéndose lo que se llamaba guerra de minas. Sobre este tipo de ataques, existen referencias desde la época de los romanos. Posteriormente, con la aparición de la pólvora, lo que se hacía era rellenar con ésta el hueco debajo de la muralla, haciéndola estallar. Un claro ejemplo, lo tenemos en el asedio al Alcázar de Toledo, durante la Guerra Civil española.

En la actualidad, una mina o mina terrestre, de uso generalizado desde la SGM, es un artefacto explosivo diseñado para ocultarse enterrándola a poca profundidad o camuflándola sobre el terreno (o simplemente lanzándola sobre él), de tal forma que el explosivo que contiene detone al ser activada inadvertidamente por una persona o vehículo. En líneas generales, se componen de una carga explosiva y un dispositivo de fuego, que incluye normalmente una espoleta y un detonador, reforzado o no con un multiplicador. En ocasiones, integran un dispositivo antirremoción, generalmente dotado de otra espoleta para anclarla al suelo. Hoy en día, existen modelos muy complejos con uno o varios sensores, mecanismos de programación y desactivación automática, etc.

Normalmente son utilizadas para proteger líneas fronterizas, impedir los movimientos del enemigo o su acceso a determinadas zonas de interés y, en última instancia, detener su avance momentáneamente para atacarlo con los medios disponibles (aviación, artillería, unidades acorazadas, etc).

Aparte de las versiones para instrucción, fogueo y simulación, existen dos modelos básicos de minas: contracarro y contrapersonal. Las primeras, denominadas vulgarmente antitanque, como su propio nombre indica, están destinadas a destruir o inmovilizar carros de combate o blindados, si bien también actúan contra objetivos de más de 150 kg de peso como vehículos ligeros, camiones, artillería, etc. Su carga es de varios kilogramos y generalmente funcionan a presión.

Por su parte, las minas contrapersonal, más conocidas como antipersonas, comenzaron a utilizarse durante la SGM mezcladas con las contracarro, para dificultar el levantamiento de los campos de minas por personal a pie. Sin embargo, en los conflictos posteriores, sirvieron para crear inseguridad tanto entre las tropas como entre la población civil, con la finalidad de desmoralizar al enemigo, al tiempo que colapsaban los servicios sanitarios. Al haber sido diseñadas para provocar los mayores daños posibles, pero sin producir la muerte de los afectados, a lo largo de los años han ocasionado un sinfín de lesiones graves. Y, no sólo durante los conflictos, sino mucho tiempo después de que hayan finalizado. Como ejemplo, se calcula que, cada año, las minas contrapersonal abandonadas producen entre 15.000 y 20.000 víctimas, existiendo 82 países con minas sin localizar y casi 200 millones almacenadas en todo el mundo. El Tratado de Otawa o Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y sobre su destrucción entró en vigor el 1 de marzo de 1999, habiendo sido ratificado por 156 estados y firmado por otros dos. Sin embargo, otros 37 países, entre los que se encuentran EEUU, India, Israel, Corea del Norte y del Sur, la R. P. China, y Rusia, no forman parte de la Convención.

Dentro de esta categoría, existen dos modelos básicos: las estáticas, enterradas o camufladas en el terreno pero que hacen explosión sin moverse de sitio, y las de salto, también denominadas de tipo rana que, usando una carga de proyección, son lanzadas hacia arriba entre 1 y 2 metros del suelo antes de explotar, lo que aumenta su efecto destructor en varias decenas de metros.

El sistema de activación se basa en el uso espoletas de los siguientes tipos: Mecánicas (a presión, alivio de presión, tracción, y alivio de tracción); eléctricas, que pueden activarse manualmente usando un explosor o cualquier otra fuente eléctrica, o con diversos tipos de sensores (magnéticos, ópticos, acústicos, sísmicos, infrarrojos…y, por supuesto, de varios usos); químicas, que mediante presión se rompe una ampolla con una sustancia que reacciona e inflama o hace estallar el detonador; de fricción, que pueden activarse por presión o tracción; y de retardo, provistas de una mezcla química o un mecanismo de relojería o similar, de manera que la explosión se produce algún tiempo después de ser accionadas, por lo que suelen utilizarse en cargas improvisadas o minas trampa.

El reducido precio y la facilidad de construcción de las minas contracarro han favorecido su proliferación, al tiempo que han aparecido modelos muy variados (con espoletas de presión, varillas, electrónicas programables, etc.) y con sistemas antirremoción. Además, ya se encuentran operativas diferentes versiones dispersables que permiten instalar campos de minas con gran rapidez y a gran distancia utilizando vehículos terrestres, helicópteros o aviones e, incluso, proyectiles de artillería clásica y cohetes.

A principios de los 90 del siglo pasado, comenzó el desarrollo de las denominadas minas de efecto dirigido y de las inteligentes. Las primeras son lanzagranadas instalados sobre un soporte y dotados del correspondiente sensor, que se sitúan sobre el terreno para cubrir las posibles avenidas de las formaciones acorazadas enemigas. Por su parte, las inteligentes son lanzables desde varios tipos de plataformas (aviones, artillería, misiles, etc), basándose su funcionamiento igualmente en el empleo de uno o varios sensores. Atacan el blanco por el techo, lanzándole un proyectil autoforjado, siendo la más destacable la M-93 Hornet norteamericana.

Hoy en día, la diferenciación entre minas de efecto dirigido e inteligentes es totalmente difusa, dada la gran diversidad de modelos en los que se han mezclado ambas tecnologías. Así, junto a lanzagranadas dotados de sensores como el Ajax/Apilas franco-británico, AT4/Ajax sueco, Piaf francés, Panzerfaust alemán, Adder británico, Arges internacional, etc, descubrimos equipos compuestos por un cohete que es lanzado directamente sobre el objetivo (PARM1/2 alemán) o que pasa por encima de él y lo ataca verticalmente con cargas autoforjadas (TEMP 30 ruso), o bien, constituidos por potentes cargas huecas de diversos alcances y capacidades de perforación (FFV 016 sueca, IHM sudafricana, IRMAH y MIACAH franceses, TM-83 rusa, etc).

Ejemplos de minas contracarro.

 

Las minas de efecto dirigido como la “Arges” son realmente lanzagranadas con un sensor de diferentes tipos

 
 

Explosivos

En este apartado incluiremos dos tipos de ingenios, las cargas explosivas improvisadas IED (“Improvised Explosive Device”) y los penetradores formados por explosión EFP (“Explosively Formed Penetrator”).

Los IED aparecieron en los denominados conflictos no convencionales o asimétricos, siendo empleados especialmente por las fuerzas de operaciones especiales, guerrillas y terroristas. No existe una regla fija sobre su constitución, ya que depende únicamente de los medios disponibles, capacidades técnicas e ingenio de los diseñadores. De hecho, si bien hay modelos construidos de forma industrial, la mayoría son totalmente artesanales, pero no por ello menos eficaces. Por ejemplo, las FARC colombianas han llegado a fabricar más de 350 artefactos distintos, a menudo tratados como minas contrapersonal, utilizando para ello todo tipo de cargas (la mayoría con explosivos caseros) y distintos detonadores.

El uso de trampas explosivas comenzó prácticamente con la aparición de la pólvora, aunque normalmente eran utilizadas por los ejércitos en retirada que, de esta forma, conseguían ralentizar la progresión del enemigo y causaban inseguridad en sus tropas. Pero, las dificultades para conseguir pólvora no permitían que su empleo se generalizara. En el siglo XIX, el desarrollo y la fabricación masiva de todo tipo de explosivos, permitió que, a partir de ese momento, tanto las fuerzas regulares como los guerrilleros, partisanos y grupos terroristas, utilizaran toda clase de cargas explosivas. Como ejemplos más destacados cabe citar la Guerra de Invierno entre Finlandia y la Unión Soviética (1939-1940), la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, Irlanda del Norte, España, Afganistán, Palestina, Israel, Chechenia, Líbano, Irak, Siria, etc.

Actualmente, la tecnología y la extensa información sobre la materia (en internet podemos encontrar numerosas páginas que nos enseñan a preparar explosivos caseros, utilizando solo materiales de uso común), ha permitido el empleo indiscriminado de IED en los conflictos de los últimas años. Además, la gran cantidad de polvorines y municiones abandonadas, por ejemplo en Irak y Afganistán, ha favorecido enormemente el desarrollo de IED muy potentes, construidos a partir de esas municiones, detonadas a menudo por control remoto. Lo más habitual es utilizar dispositivos electrónicos como teléfonos móviles, lo que ha obligado a las diferentes fuerzas militares a dotarse masivamente de inhibidores.

Básicamente, los EFP, comparados a menudo con las cargas huecas, son sencillos tubos rellenos con una carga explosiva y dotados en su extremo de un platillo ligeramente convexo y preformado, de diferentes materiales (tántalo, acero, hierro, cobre…) que, al explotar la carga, es lanzado a unos 2.000 m/sg contra el objetivo, al tiempo que se convierte en un dardo o proyectil autoforjado, con gran poder de penetración. Aunque la mayoría de modelos, denominados simples o SEFP, están conformados para crear un solo penetrador, existen versiones diseñadas para crear varios penetradores e, incluso, una gran cantidad de fragmentos con un efecto similar al de las minas Claymore, conocidos como EFP Múltiples o MEFP. Incluso hay versiones antihelicóptero, que se colocan inclinadas y con el sensor apuntando hacia la posible avenida de las aeronaves, como el GkNIPAS ruso, por ejemplo. Originalmente, fueron diseñados para las submuniciones de guía terminal, aunque recientemente, sobre todo en la guerra de Irak, alcanzaron un gran renombre ante los graves ataques sufridos por las tropas norteamericanas. Además, como norma general, un mismo objetivo era atacado por varios EFP conectados entre sí (se han contabilizado hasta 7), lo que causa efectos devastadores en los vehículos, incluidos los carros y blindados.

En líneas generales, la capacidad de penetración de un EFP es proporcional a la densidad del material del plato preformado, de manera que, por ejemplo, si es de cobre o hierro, es capaz de perforar una plancha de acero de la mitad de espesor que el diámetro de la carga, cifra que aumenta al doble si el proyectil preformado es de tántalo. Sin embargo, la mayor facilidad para conseguir platos de cobre ha propiciado el uso de ingenios improvisados de doble calibre, mientras que las submuniciones, que tienen que ser forzosamente más pequeñas, suelen usar tántalo. Obviamente, como en el resto de IED, es posible utilizar todo tipo de sensores y sistemas de activación.

La constitución de los IED solamente depende de los materiales disponibles, capacidades técnicas e ingenio de los diseñadores.

 

EFP de gran calibre.

 

Disco de un EFP y penetrador formado tras su activación.

 

Esquemas de funcionamiento de los EFP (arriba) y de las cargas huecas.

 

EFP antihelicóptero ruso “GkNIPAS”.

 

Para terminar, y como mera curiosidad, me parece oportuno citar tres equipos de control remoto utilizados ampliamente por los alemanes durante la SGM que, diseñados inicialmente como vehículos de demolición de fortificaciones y apertura de brechas, también fueron usados en la lucha contracarro pero con resultados bastante pobres. Me refiero al pesado Borgward BIV, al de clase media Springer y al ligero, y más conocido, Goliath, de los que fabricaron diversos modelos, alcanzando unas cifras totales de 1.181, 50 y 6.700 ejemplares, respectivamente. Sus principales datos se expresan en la tabla siguiente:

Nombre

Peso (kg)

Motor

Sist. Guía / Autonomía

Carga máxima

B IV

3,2 a 4 ton.

Gasolina de 47/78 cv.

Radiocontrol

2 km

450 kg

Springer

2,4 ton.

Gasolina de 36 cv.

Radiocontrol

2 km

330 kg

Goliath

0,37 ton.

2xEléctricos de 2,4 cv o

1xGasolina de 12,5 cv.

Cable

1,5/12 km

60/75/100