El futuro de la Armada Española

La transformación necesaria

AV-8B Harrier II Plus de la Armada Española a bordo del BPE L-61 "Juan Carlos I". Autor - Christian D. Villanueva López

 

El futuro de la Armada Española

La transformación necesaria

 

Por Roberto Gutiérrez

 

 

 

ABSTRACT

La necesidad estratégica de contar con una eficaz marina de guerra está fuera de toda duda para un país con las características geográficas de España. Del mismo modo, la obligación de salvaguardar la última y más influyente baza económica e industrial que le queda a la nación en el sector de la defensa, la construcción naval, es también un hecho. Desgraciadamente, la situación presupuestaria -y su previsible evolución- obligan a hacer un examen profundamente realista al objeto de salvar lo posible.

 

The strategic need to have an effective navy is beyond doubt for a country with the geographical characteristics of Spain. In the same way, the obligation to safeguard the last and most influential economic and industrial asset left to the nation in the defense sector, shipbuilding, is also a fact. Unfortunately, the budgetary situation – and its foreseeable evolution – obliges us to make a profoundly realistic examination in order to save what is possible.

 

 

ÍNDICE

  1. Introducción
  2. Planes en marcha
  3. Capacidades Operativas
  4. La fuerza del futuro
  5. La capacidad aeronaval
  6. La Fuerza de Proyección
  7. Infantería de Marina
  8. El arma submarina
  9. Conclusiones

 

 

INTRODUCCIÓN

Se cumple el próximo año el 30 aniversario de la puesta en marcha del plan Altamar, presentado como tal en Marzo de 1990, y por el cual la Armada española planificó gran parte de lo que es hoy.

Este nació como una propuesta muy sólida en cuanto a financiación, apoyo político a una consolidada capacidad industrial (por entonces la empresa nacional Bazán) y unas capacidades realistas en el plano puramente técnico y operativo; esto último en base a la renuncia, que se ha tornado definitiva, de dos aspiraciones básicas de la Armada de aquel entonces: el submarino nuclear y un segundo portaaviones para acompañar al entonces flamante ‘Príncipe de Asturias’.

Resulta obvio, por la fecha en la que se puso en marcha, que este plan nació con unos criterios operativos basados en la vigente guerra fría, si bien pocos meses después de su inicio el bloque soviético acabaría desmoronándose. Pese a este revés del destino, el PAM acabaría por ser una respuesta eficaz a las necesidades de la Armada del nuevo siglo.
Constaba de cinco partes, atendiendo a las necesidades de cinco áreas bien delimitadas, esto es: Escoltas, Auxiliares, Anfibios, Guerra de minas y submarinos.

De su ejecución nacieron los actuales LPD (en principio solo constaba de uno y el alquiler de dos buques LST de la US NAVY), el A14 Patiño, los dragaminas segura, las F80 y hasta las F100. Como vemos la práctica totalidad de los buques de la flota.

Algunos recibieron a posteriori una potenciación, como la llegada de un segundo AOR (A15 Cantabria) y de otro LPD, al que se le añadieron capacidades de mando (un estado mayor embarcado) mientras otros acumulan tanto retraso que se han llevado por delante la mitad de los buques alistados, caso de los S80; planificados en un primer momento para sustituir a los S60 en la que era una impresionante flotilla submarina de ocho unidades en dos series y que hoy se ha reducido a tres buques.

En lo que respecta a los escoltas, el plan incluía 15 fragatas, y mencionaba incluso la necesidad de las F110, como un paso postrero (tercera serie) para alcanzarlos, relevando a F30 y F70, pero no a las F80. Es de todos conocido que los retrasos y la realización de unidades adicionales de las F80 (dos buques) y posteriormente de las F100 (también dos, reducidas luego a una, la F105) ha supuesto que la recientemente aprobada F110 sea finalmente el relevo de las ‘Santa María’, quedando la flota en diez escoltas en dos series solapadas entre sí (asegurando la continuidad en el diseño y construcción de este tipo de buques); si bien para las misiones secundarias o como se conocen actualmente, de guerra asimétrica, nació un nuevo concepto de buque de acción marítima que es mucho más que un patrullero de la ZEE, como es el BAM, del que se han recibido seis unidades, si bien el plan original establecía que fueran al menos ocho.

La última década también ha visto la sustitución del R11 ‘Príncipe de Asturias’ por un nuevo concepto de buque anfibio portaaeronaves tipo LHD, el L61 ‘Juan carlos I’, que permitió también retirar los LST de origen estadounidense (coloquialmente conocidos por ‘cornudas’), si bien la pretensión de una segunda plataforma volvió a fracasar tras cancelarse la modernización del primero en 2012.

Todos estos retoques no han supuesto en sí mismos la puesta en marcha de otro plan ‘Altamar’ pese a que, con buen criterio, la Armada siempre ha apostado por una planificación a medio plazo (los tiempos de construcción de buques de guerra obliga a ello) sino más bien a adquisiciones de oportunidad para cubrir algunas carencias al ritmo que marcaban las necesidades industriales (o sociales) de los diferentes astilleros de la aún sobredimensionada Navantia (ex Bazán, ex IZAR).

De resultas de la fecha de caducidad de algunos de los buques que nacieron como resultado del citado plan, ha llegado el momento de redactar otro que atienda a las necesidades de la AE en el horizonte de 2035 (es decir, a quince años vista) con una adecuada programación y un recurso financiero ajeno a los vaivenes presupuestarios.
No solo eso, la previsible baja en esta fecha de los aviones harrier, que durante cuatro décadas (en diferentes variantes) han supuesto la respuesta a las necesidades de aviación embarcada, y los costes y capacidades asociadas a su sustituto natural (F35B), pone a la Armada en una encrucijada doctrinal que va más allá de la mera sustitución de los sistemas de armas.

Igualmente, la crisis de 2008, pese a no afectar gravemente al ritmo de construcción de barcos, por las mencionadas necesidades industriales, si ha supuesto una merma considerable de los capítulos dedicados a sostenimiento, días de mar y personal, de los que aún no se ha recuperado. Así hemos visto como el TEAR, una unidad orgullo de la nación (es la infantería de marina más antigua del mundo) se ha visto relegada en las asignaciones presupuestarias para atender las necesidades imperiosas de marinería o de infantes asignados a la FUPRO (fuerza de protección) que prestan servicio como trozos de seguridad y abordaje en bases y buques, y que son profusamente empleados en las misiones internacionales en las que la Armada participa sin descanso desde hace más de 20 años.

Así pues, un nuevo plan de modernización sería mucho más que un programa de construcción de barcos, y debe atender a nuevos conceptos de empleo, a la continua mejora de las estructuras operativas (en estos años hemos visto como desaparecía entre otros el grupo alfa, santo y seña alrededor del que se diseñaba la AE) a las necesidades de personal o a los crecientes costes de mantenimiento de buques y aeronaves.

Los Buques de Acción Marítima siguen siendo los grandes desconocidos de la Armada Española. No obstante, cumplen un papel crítico y su número debe aumentar. Autor – Christian D. Villanueva López

 

 

PLANES EN MARCHA

Actualmente hay dos programas de importancia capital para la Armada

(Continúa...)

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