Contra el corporativismo

Civiles en los órganos de decisión y control de las Fuerzas Armadas

Ministerio de Defensa
Ministerio de Defensa

 

Contra el corporativismo

Civiles en los órganos de decisión y control de las Fuerzas Armadas

 

Por Christian D. Villanueva López

 

En nuestra revista, seguramente de forma un tanto vehemente y a veces equivocada, hemos propuesto prácticamente desde nuestro primer número una serie de cambios que, creemos, servirían para adaptar las Fuerzas Armadas Españolas a un futuro que podrá ser de una manera u otra, pero que con total seguridad va a seguir caracterizándose por las estrecheces presupuestarias. Estamos convencidos de que solo en la medida en que aceptemos que las vacas gordas no van a volver, podremos realizar un planeamiento de la defensa coherente no solo en lo relativo a las adquisiciones sino, más importante, a los ciclos de vida y operación del material en servicio presente y futuro y, por supuesto, a la orgánica.

No es éste el lugar adecuado para hablar del planeamiento por capacidades, ni de ningún tema demasiado complejo como para desarrollarlo sin meter la pata más de la cuenta en una columna de apenas 800 o 900 palabras. Para eso están los trabajos de los verdaderos expertos, como el profesor Colom Piella, que lleva años luchando para que nuestras Fuerzas Armadas avancen en éste sentido. Sí lo es, sin embargo, para plantear un debate y hacer una petición razonable: que se incluya a civiles en los órganos de decisión de las FAS no solo como asesores, sino con algún tipo de poder que les permita hacer de contrapeso a uno de los fenómenos más perjudiciales para la transformación de nuestros ejércitos: el corporativismo.

Cuando alguno de nuestros redactores propone, como sucede en éste mismo número, que se modifique la orgánica de la Armada, no lo hace por capricho, sino porque después de mucho estudiar ha llegado a la conclusión de que hay margen para el ahorro y la optimización de los escasos recursos disponibles, sin merma -e incluso en ocasiones con ganancia- de capacidades. Tristemente, éste tipo de propuestas suponen en muchos casos eliminar alguna vacante de oficial, normalmente de alta graduación y, aunque en su fuero interno muchos militares entiendan que son ideas razonables, nadie tira piedras contra su propio tejado, algo por otra parte comprensible. En consecuencia, tras la excusa de la necesidad de mantener una orgánica sobredimensionada o unidades en cuadro, por si en el futuro hubiese necesidad de activarlas, lo que se esconde normalmente son las reticencias de un cuerpo -el de oficiales- a ajustar el tamaño de las Fuerzas Armadas conformando así una fuerza más ágil y eficiente, a costa de que haya menos vacantes que cubrir y, por tanto, menos posibilidades de ascenso.

No se nos escapa que la inclusión de civiles en los órganos de decisión no es la panacea. Tampoco que, en la práctica, ya son unos cuantos los no uniformados que participan, de una u otra forma, en todos los procesos, empezando por

(Continúa...)

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