Miseria de la Estrategia (II)

Hacia una verdadera escuela española de defensa

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Miseria de la Estrategia (II)

Hacia una verdadera escuela española de defensa

 

Por Christian D. Villanueva López

 

En nuestro Número 7 cargaba en ésta misma sección contra la lamentable situación de los Estudios Estratégicos en España. Amén de costarme algún que otro amigo, son muchas las personas que han alabado aquella publicación -incluso sin compartirla por completo- por atreverse al menos a decir lo que muchos callan. La intención, no obstante, no era tanto criticar como plantear un debate y esperar que algo se moviese.

Quede claro que seis meses es muy poco tiempo para que nada cambie y, no obstante, organismos como el IEEE ya están moviendo ficha, elevando el nivel de sus publicaciones y mostrándose proactivos. A mí juicio, no obstante, hay que tener claro el objetivo final de todos estos cambios, que no puede ser otro que la conformación de una escuela patria de Defensa no en el sentido físico sino en el de crear un corpus de estudios que responda a nuestras particularidades, algo que ocurre por ejemplo en Francia o Rusia y, por supuesto, en los países anglosajones.

Como dice José Miguel Palacios, en su artículo titulado “Hacia una escuela Española de Estudios de Seguridad y Defensa” y publicado en la web del GESI, debemos “sacudirnos un complejo de inferioridad muy acusado”, “diversificar fuentes”, participar de “un debate continuo, respetuoso y colaborativo” y, como consecuencia, “crear nuestra propia escuela” sin “[hacer] cada uno la guerra por nuestra cuenta”`. Desgraciadamente, el coronel Palacios no va más allá, por lo que toca a otros elucubrar acerca de la forma de materializar este deseo.

Según lo veo, y una vez el objetivo ha sido marcado, necesitamos una institución que sea capaz de aglutinar algo más que a los expertos ya consagrados, permitiendo que se forme una verdadera comunidad en la que el mérito académico -y nada más que el mérito académico- sea la llave que dé acceso a la misma. Y es que aquí, como en tantas otras cosas, conviene recordar a Pedro Calderón de la Barca cuando decía sobre nuestros soldados aquello de: “…que nadie espere; que ser preferido pueda; por la nobleza que hereda; sino por la que él adquiere.” Esta institución no puede ser otra que el IEEE, pues es la única que cuenta tanto con el presupuesto como con la capacidad de dar empuje a la comunidad de la que hablamos, germen de esa futura escuela nacional.

Ahora bien, para que ésto tenga lugar, muchas cosas deben cambiar en su funcionamiento (y me consta que están en ello, insisto), empezando por los criterios de admisión de los trabajos y por la búsqueda de un equilibrio entre los compromisos heredados de épocas anteriores y la necesidad de servir de punto de encuentro tanto para los expertos ya consagrados, como para los nuevos talentos, a los que debe apoyar por encima de todo. El problema llegados a éste punto, es encontrar la forma de canalizar los recursos de la institución de tal modo que lleguen -y de ser posible en tiempo y forma, algo que no sucede siempre- a aquellas personas que de verdad tienen algo que ofrecer y en las que conviene invertir. Es más, hacerlo de tal manera que se vaya más allá del reducido círculo “madrileño” para alcanzar al conjunto del Estado mediante acuerdos con más instituciones. No podemos permitirnos desaprovechar un solo ápice de talento, esté donde esté.

En mí opinión lo más adecuado sería dejar de lado algunas de las publicaciones regulares para centrarse en la creación de grupos de estudio temáticos con un experto al frente, pero a cargo en la práctica de estudiantes de grado de los últimos cursos o bien de los diversos máster de Seguridad y Defensa. No harían falta siquiera grandes recursos, apenas unos pocos miles de euros por trabajo, los suficientes para pagar a cada alumno una cantidad en torno a los 300-400 euros por mes (ojalá fuese más, pero conviene ser realistas), más una parte al profesor que dirija el proyecto de investigación.

Estos grupos de estudio podrían llegar a publicar cosas verdaderamente potentes desde el punto de vista académico, lejos de lo que ha venido sucediendo con muchos de los artículos publicados en la web de la institución. Todo con las ventajas que ofrece un sistema modular y escalable en el que, por ejemplo de cara a editar futuros libros se podrían formar 4, 6 o 20 grupos cada uno con su objeto de investigación perfectamente acotado y con la garantía de que el resultado final estuviese a la altura y sirviese para algo más que para dar a luz un texto que luego pocos leen.

El centro de gravedad de este sistema radica en la forma de elegir a los estudiantes que entrarían a formar parte de esos grupos. En mí opinión, la formación de cada grupo debería publicitarse de forma que los interesados pudiesen presentar candidatura y ser elegidos bien por currículo, bien por la calidad de la propuesta presentada en relación al objeto de estudio. Se copia en cierto modo lo que viene sucediendo desde siempre en casi todas las universidades, esto es, que los profesores se aprovechen del trabajo de sus alumnos y que publican a su nombre lo que en realidad es el trabajo de otros, pero de una forma mucho más elegante ya que la institución no solo pagará a los investigadores por su trabajo, sino que su nombre aparecerá junto al del profesor en todos los casos.

Además, el sistema planteado cuenta con otra ventaja importante y es que, en lugar de dedicar medios a publicar “lo que nos envían”, -palabras de un miembro de la institución- eligiendo entre pocas posibilidades y con criterios bastante dudosos, visto lo que se ha venido publicado, todos los trabajos se llevarían a cabo con la intención de cubrir un vacío, respondiendo a los intereses del IEEE que son, y no está de más decirlo, los de todos. Así se pasaría, como pedimos, de promover solamente la Cultura de Defensa, a realizar investigación de calidad.

Es, y apenas grosso modo, solo una de entre muchas ideas posibles. Ahora bien, hace falta la voluntad de llevarlo a cabo y que la institución se atreva a recoger el órdago y persevere en los cambios que ha iniciado. Lo importante no es tanto el método elegido (y desde luego quien escribe es todo menos un experto en Administraciones Públicas, asignatura que aprobó por los pelos) sino que el IEEE pase de habitar en un suburbio del triste ecosistema español de estudios estratégicos a convertirse en un primus inter pares cuyos recursos sirvan para sembrar la semilla de un mañana mucho más rico que el actual. ■