Titanes

En defensa de los pilotos del 43 Grupo del Ejército del Aire


 

Titanes

En defensa de los pilotos del 43 Grupo del Ejército del Aire

 

Por Christian D. Villanueva López

 

Hace más o menos una década, cuando quien escribe todavía lucía la boina de las unidades de montaña, era común referirse como «Titán» al hablar de aquellos que habían cometido alguna «cafarnada». Sin embargo, hoy nos toca hablar del otro significado de este término: «Persona que destaca por su vigor o su fuerza.»

Cada año son noticia los incendios forestales, es una de las desgracias de un país que a marchas forzadas está concentrando su población en torno a Madrid y en la costa, mientras la «España vaciada» muere sin remedio. En regiones enteras el monte se ha dejado al cuidado de la diosa Fortuna y esta no tiene por costumbre sonreír a quienes juegan a la ruleta rusa una y otra vez.

No hace falta repasar las hemerotecas con demasiado ahínco para ver no tanto que cada vez hay más incendios, como que estos son cada vez más graves, llegando a su punto álgido con el que en agosto de 2017 arrasó la comarca de La Cabrera, en León y que dejó tras de sí casi 10.000 hectáreas quemadas.

Ante este panorama, España tiene su «delgada línea roja» conformada por voluntarios, agentes forestales, bomberos, vecinos que cuidan el monte sin que nadie se lo pida -y mucho menos pague- y, por encima de todo, a la UME y a un pequeño grupo de locos que ahora deben enfrentarse, gracias a las redes sociales y a los subnormales de turno -con perdón de aquellas personas que sufren deficiencia mental-, no solo al peligro que conlleva su labor, sino a las quejas de aquellos a quienes intentan salvar.

Parcha del 43 Grupo del Ejército del Aire. Fuente – Wikipedia.

Lo hemos visto aquí, donde resido, cuando en marzo el alcalde de Donostia, Eneko Goia, se quejaba de no haber sido avisado antes de que un hidroavión del 43 grupo cargase sus depósitos en plena bahía de la Concha, como si los pilotos a los mandos tuviesen alguna intención de llevarse a alguien por delante o jugarse el pescuezo más de lo que lo hacen. Lo hemos visto también en Twitter -se han apresurado a borrar los mensajes- a propósito del incendio de Artenara, que todavía luchan por apagar en Gran Canaria. Lo veremos, supongo, cada vez más, porque es el sino de los tiempos y porque a nadie parece importarle que los lugares en los que se carga no se eligen al azar, sino que únicamente se hace en aquellas zonas, por muy polémicas que puedan resultar, que previamente han sido autorizadas por la Dirección General de Aviación.

Antes de quejarse, recomiendo pensar por un momento en lo que supone ponerse a los mandos de un Canadair CL215 o de un Bombardier 415 (o un helicóptero, no nos olvidemos) y situarse sobre el foco de un incendio para descargar. Una maniobra que por más que a fuerza de repetirla pueda parecer rutinaria, nunca lo es. Corrientes cambiantes provocadas por la orografía y la fuerza de las llamas, que calienta el aire y lo fuerza a ascender de formas a veces imprevisibles, humo, la necesidad de conocer la posición de los efectivos terrestres, la dirección de avance del incendio, el punto óptimo para descargar evitando que este se propague o evolucione hacia una zona que no conviene y todo ello rozando prácticamente las copas de los árboles para no desperdiciar un solo litro de agua…

Demasiados factores para unos hombres que a diferencia de los pilotos civiles -que pueden confiar en el piloto automático durante largas horas- o de los pilotos de caza, que por la propia autonomía de los aparatos y coste por hora vuelan en tandas bastante cortas, se mantienen a los mandos durante jornadas maratonianas en la que al peligro de sobrevolar el incendio se suma el de repetir una y otra vez las maniobras de llenado, muchas veces en los lugares menos idóneos para ello: pantanos, lagos, ríos, bahías, puertos… Siempre con poco espacio, con poco tiempo para planear el mejor ángulo de ataque, para calcular por dónde realizar la pasada, para comprobar que no haya ningún obstáculo imprevisto como bañistas, barcos o cualquier otra cosa, etc.

Es evidente que algún día habrá un accidente, una colisión, cualquier cosa que se nos ocurra. Cada año tienen más trabajo, cada vez la fatiga es mayor, ahora además, aportamos dos aviones a la flota europea de lucha contraincendios y, aunque siempre hemos colaborado con nuestros vecinos, esto solo puede poner más carga sobre los hombros de Atlas. El día que pase, muchos se llevarán las manos a la cabeza. Otros les acusarán de imprudentes y los menos, entenderán y callarán, porque nadie o casi nadie va a salir a defenderlos.

Hasta entonces -y ese día más que nunca-, aquí tienen nuestra admiración y apoyo. Mientras muchos se entrenan durante años sin llegar nunca a poner en práctica lo aprendido, estos auténticos titanes del aire pasan su vida improvisando y aprendiendo mientras hacen frente a un enemigo más temible y cercano que la mayoría de los que amenazan a España. A todos ellos, gracias.