Submarinos espía

29ª Brigada de Submarinos de la Flota del Norte

K-329 Belgorod. Autor - H.I. Sutton

 

Submarinos espía

29ª Brigada de Submarinos de la Flota del Norte

 

Por Alejandro A. Vilches Alarcón

 

La Federación Rusa mantiene en su inventario extraños ingenios y unidades que por su experiencia y el saber hacer de su personal le aportan unas capacidades únicas. La 29ª Brigada de Submarinos de la Flota del Norte es quizá el mejor exponente de ello. Una unidad que en los últimos años ha ganado en importancia y medios y que se presenta como un actor clave para el futuro del Ártico…

 

Las siguientes paginas trataran de mostrar al lector las capacidades que dicha Brigada aporta al Estado Ruso en tiempos de paz y, cómo no, en caso de conflicto. Aunque algunas de dichas capacidades tienen su símil en algunas armadas occidentales, lo cierto es que la herencia soviética en este campo no posee comparación con ningún otro país del mundo. Asimismo, al ser proyectos con décadas de experiencia a sus espaldas y decenas de miles de millones invertidos en su concepción y construcción, cualquier nación que tratara de sumarse a la carrera por desarrollar capacidades similares lo haría con una clara desventaja de inicio y es que la Federación Rusa ha logrado un fuerte dominio en este campo concreto que, además, le ha llevado a una segunda fase de desarrollo en la que se está centrando en la consolidación numérica de su flota de cometidos especiales.

Lo que les pretende este autor mostrar es un somero resumen de la historia y actualidad de estas unidades, y aunque algunas de las cosas que van a leer parecerán extraídas de una novela de Ian Flemning o Tom Clancy, todas y cada una de ellas son ciertas y en la actualidad están llevándose a cabo. Se pueden discutir conceptos o detalles, pero el trasfondo es real.

 

 

La Herencia Soviética

A lo largo de cuatro décadas de la Guerra Fría ambas superpotencias se involucraron en todos los proyectos militares imaginables. Uno de ellos fue el espionaje a través de submarinos especializados y las operaciones a gran profundidad. En Estados Unidos, debido a una cultura de transparencia diametralmente opuesta a la soviética, a día de hoy se tiene bastante información acerca de dichas operaciones, como la relativa a la instalación de grabadoras sobre los cables de comunicaciones submarinos soviéticos llevadas a cabo dentro de las operaciones Ivy Bells. Nunca se dudó de la existencia de una contrapartida soviética en este campo, aunque no se pudo obtener información precisa antes de 1991.

Algunas de las operaciones soviéticas, por supuesto, acabaron en fiasco, como el famoso caso del incidente Whiskey On The Rocks, o las incursiones de submarinos “fantasmas” en aguas territoriales de Suecia y Finlandia. En estas operaciones se llegó a constatar la presencia en el fondo marino de rastros de propulsión de una oruga, equivalente a la de un tanque de combate, dando a entender la existencia de unidades especializadas en este contexto dentro de las operaciones de espionaje soviéticas.

Operaciones que por su concepción, desarrollo y objetivos se encuadran en la delgada linea que separa las operaciones de los servicios de Inteligencia, de las propiamente militares, lo que tiene consecuencias en tanto presentan una mayor permeabilidad hacia el Poder Político, que las dirige en algunos casos directamente, escapándose este dominio al control de las manos exclusivamente militares. Comentamos todo esto porque lo consideramos necesario para entender la concepción original de la 29ª Brigada de Submarinos y también como se supone que opera en la actualidad.

En 1976 se crea el Directorio Principal de Investigación a Grandes Profundidades del Ministerio de Defensa Soviético (GUGI por su siglas en ruso). Inicialmente sus funciones serían las de investigación en el entorno hidrográfico de grandes profundidades y el desarrollo de equipos y procedimientos para trabajar en dicho entorno. Todas sus operaciones y protocolos eran secretas y no estaba permitida su discusión en medios públicos.

Su control operativo directo no se ejercería desde el mando de la Flota Soviética, sino directamente desde el espectro político y de Inteligencia del Ministerio de Defensa, una práctica de doble mando o de usurpación de funciones que no era algo nuevo en la estructura soviética. Ya en los comienzos del programa de submarinos nucleares soviético se dejaría al propio Comandante en Jefe de la Flota Soviética, Almirante Gorshkov completamente de lado al no informarle de que se estaban diseñando y construyendo estos nuevos ingenios hasta una etapa muy tardía del proceso provocando así la repulsa de la Flota Soviética a dicho proyecto al no haberse tenido en cuenta sus necesidades operacionales y tácticas.

La influencia de los Servicios de Inteligencia en la operatividad del GUGI se ejecutaría a través de los servicios militares (GRU) y, aunque en menor medida, de los nacionales (el KGB, antecesor del los actuales FSB y SVR). Por lo tanto, la Armada Soviética se vería relegada, inicialmente, a aportar operadores para las plataformas submarinas que la 29ª Brigada requiriera y poseyera, pero sin intervenir en el planeamiento de las misiones ni en prácticamente ninguna otra esfera de actividad. La Armada tampoco iba a participar en el diseño y desarrollo de las nuevas plataformas. De eso se encargaría el propio ente político soviético al solicitar prototipos específicos para las funciones del GUGI directamente a las oficinas de diseño de submarinos.

En octubre de 1976 se crearía, por orden del Almirante Jefe de la Flota Soviética, la Unidad Militar 45707 en Peterhof, en el área de San Petersburgo. Con esta unidad se pretendía cubrir las necesidades en cuanto a tripulantes del GUGI. Sin embargo, debido a las particulares características de las operaciones que se debían acometer, la marinería requerida también tendría que poseer cualidades y entrenamiento especiales, convirtiéndose en una unidad de elite -además de secreta- dentro de la Armada.

Las funciones iniciales del GUGI iban a requerir de operaciones submarinas a profundidades de hasta 6.000 metros, con especial énfasis, aunque no exclusivo, en el Teatro Ártico bajo la banquisa de hielo, lo cual le confería unas características si cabe mas especificas. Los submarinos y batiscafos para dichas misiones debían cumplir requisitos técnicos únicos y debían adoptar soluciones de vanguardia para enfrentarse a dichos retos. No nos resulta muy difícil imaginar que esta unidad sería la encargada de tratar de recuperar del fondo oceánico cualquier avión, buque, misil o satélite, propio o enemigo, en pos de los intereses nacionales. Aunque sus misiones siguen estando bajo el Secreto de Estado, se les supone haber participado en misiones de este tipo en el Mar del Japón o el Atlántico Norte y en el Noroeste del Pacifico.

La denominación del personal embarcado en las unidades del GUGI es, oficialmente, la de hidronauta, un termino extraño incluso para los que estudiamos el asunto y que en sí mismo es una estupenda representación del trabajo que realizan. Los requisitos para trabajar en las plataformas de altas profundidades son máximos, creándose tripulaciones con un porcentaje muy elevado de oficiales, incluso dentro del estándar soviético/ruso. El entrenamiento de los hidronautas se basó en el de los cosmonautas soviéticos y los requisitos básicos para acceder al puesto eran tres: 5 años de servicio en la Flota Submarina soviética, preferentemente en submarinos nucleares, con calificación de excepcional en todas las áreas, ser miembro del PCUS (entendemos que este requisito desapareció a partir del colapso soviético) y superar un examen medico equivalente al de los cosmonautas.

Sus misiones y su entrenamiento los convirtieron en un mito dentro de la propia Flota Soviética, no sabiéndose a ciencia cierta cuales de los rumores eran reales y cuales exageraciones, cuando no meros bulos creados ex profeso por los servicios de desinformación para confundir a la Inteligencia Occidental. Lo que si es cierto es que su especialización y catalogación como unidad de élite les ha convertido en los miembros de las Fuerzas Armadas Rusas mejor pagados, por encima de los pilotos de combate o de los operarios de las Tropas de Misiles.

En este sentido, atendiendo a datos de 2012, se les asigna un salario mensual de 500.000 a 600.000 rublos comparados con los 80.000 del Comandante de un brigada motorizada en Siberia o los 180.000 del Coronel al mando de una base de bombarderos estratégicos. Debido a que su sueldo se estima a través de una serie de complementos de actividad y destino que van, entre otras cosas, en función de la profundidad a la que permanecen o el buque en el que embarcan, este es el factor diferenciador, así como el escaso numero de miembros de la unidad que hacen que posean un alto grado de operatividad mensual. Como curiosidad, sus pensiones son exactamente iguales a la de cualquier otro miembro de la Flota, ya que al ser su expediente secreto y clasificado, no pueden computar sus complementos por operaciones o profundidad.

En 1978 se entrenarían las dos primeras tripulaciones para el GUGI para operar los buques del proyecto AS-13, 01910 y, por lo que parece, esta unidad no ha sufrido ningún accidente o percance de importancia en su dilatada historia, al menos hasta este último verano, lo que dentro de los parámetros históricos se puede considerar un absoluto hecho diferenciador y da muestras del nivel de inversión y entrenamiento que maneja esta unidad, especialmente en comparación con el resto de la Armada Rusa.

La Unidad Militar 45707 estaría basada en el área de San Petersburgo hasta 1992, año en que se trasladaría a la zona de influencia de la Flota del Norte. Los buques asignados al GUGI no figurarían en la Lista Oficial de Buques de la Armada Soviética hasta 1.986 y tan solo lo harían a efectos administrativos y financieros, no con efectos operacionales. La 29ª Brigada Independiente de Submarinos de la Flota del Norte se instauraría en 1979 para dar apoyo logístico y de mantenimiento a los buques de la GUGI.

Si bien desde la caída de la Unión Soviética se instauró un escenario de continuos recortes económicos, marcado por la baja de buques y la fuga de buena parte de las mentes más brillantes de las fuerzas armas rusas, entre los hidronautas parece ser que la situación del resto de la flota no llego a calar. Es cierto que sucesivos gobiernos han podido congelar las asignaciones a las unidades del GUGI, pero mientras los análisis occidentales se han centrado en el numero de SSN o SSBN operativos o en construcción, lo cierto es que un movimiento lento pero constante esta unidad ha seguido operando con discreción a la vez que ha sabido persistir en su misión alumbrando la que es, con diferencia, la mayor flota mundial de buques de operaciones especiales.

Durante todos estos años el GUGI ha aportado dos valores claves a Moscú. Por un lado al ser una unidad entrenada para operar bajo la banquisa ártica de forma constante y a grandes profundidades, ha venido apoyando las prospecciones mineras y de hidrocarburos y, por tanto, el futuro económico de la nación. Por otro, debido a la creciente importancia de las telecomunicaciones, el valor de los cables submarinos se ha multiplicado en varios enteros. Los hidronautas poseen, en teoría, la capacidad de atacar, inutilizar o sabotear las comunicaciones de dichos cables en gran parte de los océanos mundiales, si su Gobierno así lo decide. Este último hecho, por sí mismo podría servir para justificar el colosal gasto realizado en su entrenamiento y mantenimiento…

B-90 Sarov. Nótense los abultamientos en los laterales del casco y en la proa. Fuente – H I Sutton.

 

 

Los Submarinos Nodrizas del GUGI

Como hemos mencionado, la historia de esta unidad se remonta a los años 70 del siglo pasado, por lo cual son muchas las plataformas que han pasado por la unidad. Muchas de ellas, debido a lo especifico de la misión, han sido modificaciones ad hoc de buques convencionales para poder cumplir el objetivo marcado, y otras han sido diseños específicos desde su origen para satisfacer sus particulares requisitos. En cualquiera de los dos casos se pueden definir como los submarinos mas extraños, secretos y curiosos del mundo. La información disponible es escasa y las disposiciones interiores siempre son aproximaciones realizadas con buena voluntad, aunque muy útiles para tratar de entender su excepcionalidad.

Antes de profundizar en los diseños, hemos de tener en cuenta una cuestión básica respecto a las unidades del GUGI: Por un lado tenemos las unidades nodrizas, submarinos de gran porte, que operan hasta limites de profundidad relativamente convencionales y que pueden alcanzar el rango de los 450 a los 600 metros. Por otro, las estaciones de operaciones a gran profundidad, que son submarinos de menor porte en cuanto a desplazamiento, pero que poseen una capacidad de inmersión de miles de metros, habiéndose confirmado operaciones a profundidades de 3.000 metros. A diferencia de los diseños estadounidenses, que acoplan los submarinos de menor porte por encima de la linea de flotación y a popa de la vela, en los diseños rusos los submarinos medianos se acoplan a su nodriza por la quilla, muy por debajo de la línea de flotación, y por lo tanto fuera de la visual de cualquier observador. Ni que decir tiene que este detalle no ayuda nada a poder valorar aspectos técnicos y operacionales del conjunto.

Comenzaremos con los buques nodrizas del GUGI. Como norma general los submarinos de diseño soviético siempre se han caracterizado por un mayor volumen y reforzamiento de la estructura -aun sirviendo para la misma misión- en comparación con su pares occidentales. Este detalle otorga a los submarinos rusos mayor espacio, como normal general. Gracias a ello, cuando se ha decidido modificar un submarino para operar como buque nodriza, siempre se han encontrado con una gran cantidad de plataformas disponibles para dicho cometido, ya que al retirar a un SSBN o a un SSGN los voluminosos lanzadores de misiles, el submarino quedaba con una importante capacidad volumétrica disponible dentro de una estructura que estaba reforzada desde su misma concepción, con lo que contaban, de inicio, con plataformas inmejorables para cualquier modificación posterior.

Como curiosidad, no debemos olvidar que la VMF fue pionera en el uso de unidades submarinas nodrizas, lo cual aporto un gran conocimiento en dicha área -que no ha sido nunca igualado por Occidente-, desde el desarrollo del AGSS India. Mientras la US Navy desarrollaba un vehículo ligero y aerotransportable que debería poder ser usado en cualquier lugar del mundo en caso de hundimiento de un submarino, la URSS desarrollaba una plataforma especifica que servía de buque nodriza para dos pequeños submarinos de rescate. A diferencia de los submarinos de la GUGI, la clase India poseía las estaciones de recepción de los minisubmarinos de rescate sobre la cubierta principal por lo cual eran observables en superficie. Se construirían dos unidades de esta clase, una unidad para la Flota del Norte y otra para la del Pacifico, pero el conocimiento de las operaciones en inmersión de estas plataformas beneficiaría a los profesionales de la GUGI y viceversa, en un trasvase de información y experiencias muy beneficioso. Lamentablemente, como submarinos de rescate no podrían aportar mucho al ser al fin y al cabo buques con velocidades convencionales y que no podían por tanto alcanzar rápidamente los escenarios en los que se requería su presencia y finalmente ambos India serían dados de baja tras la caída de la URSS. Nunca se planteo un sustituto tal y como la concepción soviética lo había planteado originalmente.

Entrando ya en los buques de la 29ª Brigada, la primera unidad que pasaría a servir como buque nodriza sería un SSGN Echo II, concretamente el K-86 que entre 1973 y 1980 sería transformado a su nueva misión como nodriza bajo la denominación de Proyecto 675N, en los astilleros de Severodinsk. Inicialmente esta transformación pasaría desapercibida a los servicios de inteligencia occidentales ya que toda la clase Echo II sufriría de múltiples modernizaciones y actualizaciones y era complicado saber qué se cambiaba en cada una de ellas. En 1981 se incorporaría a la 29ª Brigada prestando servicio hasta 1991. Sus operaciones aún a pesar de los años transcurridos todavía no son de dominio público. Lo que si se dedujo rápidamente es que los Echo II, por su diseño, no poseían volumen suficiente para la operación de minisubmarinos.

La siguiente unidad que pasaría por dicho proceso de transformación sería un SSBN, el BS-411 de la clase Yankee (Proyecto 667A). Los submarinos balísticos aportaban la ventaja de poseer una sección central para los misiles que podía ser retirada por completo, aportando una cantidad volumétrica suficiente para las nuevas necesidades. En este caso el astillero de Severodinsk fabricaría una nueva sección central que, de acuerdo a las escasas informaciones, permitiría el alojamiento de personal de investigación y equipos científicos. Asimismo proporcionaría nuevos espacios para la estiba de víveres y consumibles que permitieran navegaciones cómodas. En teoría, la misión del BS-411 sería la de investigación científica de los campos magnéticos terrestres y de las condiciones en las profundidades oceánicas.

El submarino sería renombrado como Orenburg y el proyecto catalogado con un nuevo numero, fuera de las nomenclaturas habituales soviéticas, como proyecto 09774. La OTAN le daría el nombre clave de Yankee Stretch. Todo el armamento, tanto estratégico como táctico le sería retirado. Sistemas de sonares y de comunicaciones por el contrario serían modernizados. La transformación tendría lugar en los astilleros de Zvezdochka entre 1983 y diciembre de 1990, aunque ya en 1973 había salido del servicio operativo de la Flota Soviética para ser destinado a su nueva misión. En 1991 entraría en servicio con la 29ª Brigada viniendo a sustituir al anteriormente mencionado Echo II. Sería dado de baja definitivamente en 2004.

No obstante el Orenburg aportaría una herramienta vital para la siguiente unidad nodriza, que sería su sección central especializada. Tras 1991 la debacle que se cernió sobre las unidades submarinas rusas permitió que buques relativamente modernos-o al menos más modernas que un Echo II- fueran dadas de bajas del servicio activo con la VMF y pasaran a estar disponibles para nuevos cometidos, en este caso con la 29ª Brigada. Este fue el caso del SSBN proyecto 667 BDR Delta III K-129. Comisionado por la Flota Soviética en 1981 para su rol estratégico, en 1992 se decidió su nuevo destino como buque de operaciones especiales bajo la denominación BS-136 (Proyecto 09786) y con el código OTAN Delta Stretch. Entre 1994 y 2002 se le retiraría en Zvezhdochka la sección de misiles y recibiría la antigua sección central del Orenburg, del cual también heredaría dicho nombre, creando así cierta confusión -seguramente era su intención- entre las agencias de inteligencia occidentales.

El proyecto sería diseñado por la Oficina de Diseños Rubin, creadora original de los SSBN y que a partir de entonces comenzaría a tener una fuerte ascendente sobre este tipo de transformaciones. La eslora pasaría de los 155 metros originales a los 162.5 metros finales. Esta unidad se mantiene operativa con la 29ª Brigada desde 1994 y es la unidad más veterana en su segmento, aunque se espera que las próximas incorporaciones faciliten su retiro definitivo.
Obtendría fama mundial en 2012 a raíz de la operación Artic 2012, la cual comentaremos más adelante con más detalle, y que fue la primera operación publicitada por parte de Moscú que dio relevancia a las operaciones de los buques de la GUGI y que hasta entonces tan solo se habían ido mencionando de forma escueta entre círculos profesionales.

Es a partir de este momento cuando se inicia lo que no podemos definir sino como una autentica revolución en el Ministerio de Defensa Ruso. Si bien un Delta III con escasos años de operación parece una plataforma más que suficiente para las necesidades de una unidad experimental y especial como es el GUGI, a partir de la entrada en servicio de esta unidad el numero de buques transformados y transferidos a la 29ª Brigada no hará más que incrementarse y con plataformas cada vez más modernas e incluso de nueva construcción.

Cualquier lector podría pensar que parece razonable incrementar las capacidades de defensa de una nación, aunque hemos de recordar que estamos hablando de la década de los noventa y de la primera década del presente siglo, cuando la Armada Rusa -en muchos casos literalmente- no tenía presupuesto ni para abonar el gasoil de la calefacción de sus bases navales. Sin embargo los proyectos asociados al GUGI, aunque en algunos casos fueron ralentizados e incluso eternizados, en ningún caso llegaron a cancelarse sino que, mientras la propia Armada Rusa peleaba con el gobierno el numero de unidades de nueva construcción que debía recibir para poder cumplir con su función primordial, las unidades del GUGI continuaban ocupando unas gradas en los astilleros que impedían incrementar las construcciones de unidades de primera línea, a la vez que estas construcciones y sus actividades absorbían -y absorben- gran parte de los escasos recursos humanos, técnicos y financieros imprescindibles para modernizar la flota regular. Este hecho, demostrable y fácilmente trazable a través de la propia red, demuestra sin lugar a dudas la gran importancia asignada a estos buques dentro, no ya de la propia Armada, que tal vez ni siquiera este interesada en ellos, sino en el seno del Ministerio de Defensa y del propio Gobierno Ruso.

Un SSBN Delta IV proyecto 667 BDRM comisionado por la Flota en 1987 sería la siguiente unidad que pasaría a disposición del GUGI. El K-64 era una unidad relativamente moderna y bien equipada cuando en el verano de 1999 y tras apenas 8 patrullas estratégicas, la ultima de ellas en 1995, se decidió su cesión a la 29ª Brigada. Son los años más duros de los recortes, pero esta unidad en concreto es un ejemplo de efectividad y buen hacer dentro las Fuerzas Estratégicas Rusas. Sin lugar a dudas había disponibles más unidades de clases más antiguas para ceder al GUGI, así que en esta cesión debemos ver no solo el interés por equipar a los hidronautas con unidades modernas sino también la implicación de las más altas jerarquías políticas a la hora de tomar esta decisión, seguramente en contra de los designios de una Armada que perdía un recurso de primer orden.

El submarino pasaría a denominarse BS-64 Podmoskovye y sería reformado bajo la denominación de proyecto 09787 Delta IV Stretch. En 1999 entró en el astillero de Severodinsk, en donde se iniciaría su transformación en buque de investigación capaz de portar estaciones de gran profundidad.

Existe una controversia acerca de si realmente la sección del KS-411 sería alojada en este submarino, aunque parece ser que de haberlo sido sería una versión fuertemente modificada para poder trabajar con nuevas unidades submarinas. Los trabajos quedarían paralizados -o se llevarían a cabo a muy bajo ritmo- hasta 2012, cuando finalmente llegaron los fondos necesarios para continuar con la transformación y modernización de los equipos.
La eslora se incrementaría de 167 a 174 metros. Saldría del astillero en diciembre de 2016 para ser entregado formalmente a la Flota. El análisis fotográfico del proyecto revela una serie de escotillas en su casco exterior cuya función aún no han podido ser explicada de forma satisfactoria. La clase Delta en general poseía una característica elevación en el plano central del buque (línea de crujía) en la sección de misiles, conocida como “joroba”, para poder acomodar los SLBM en el interior del casco exterior o hidrotérmico. Aunque hubiera sido relativamente sencillo eliminarla durante la reforma, para reducir la resistencia al avance y variar la firma acústica del submarino, lo cierto es que se ha mantenido dicha joroba, aunque de forma atenuada.

El Podmoskovye tendría el lamentable honor de ser la primera unidad nodriza de la 29ª Brigada en verse envuelto en un grave accidente -con repercusión publica e internacional- y con la lamentable perdida de vidas humanas en julio de 2019, un accidente que veremos en detalle más adelante.

En la actualidad es la unidad más moderna entregada al GUGI y marcó un punto de inflexión en el diseño y construcción de los submarinos nodrizas, al aportar por primera vez una plataforma moderna para las nuevas funciones. Su modulo central, al igual que en anteriores unidades y según las notas de prensa emitidas, se supone habilitado para acoger al personal científico y sus equipos y laboratorios destinados al estudio de las condiciones oceánicas. También ha sido el primer submarino específicamente diseñado para operar con la plataforma de gran profundidad Losharik.

El resto de unidades que marcarán el futuro de la unidad aún no han sido entregadas, aunque están en construcción y, a pesar de que la industria naval rusa no brilla por su capacidad de respetar los plazos de entrega -y menos en proyectos de esta complejidad tecnológica-, se espera que se comisionen en no muchos años.

Volviendo al diseño, si antes decíamos que los submarinos nodriza necesitaban espacios voluminosos, la Unión Soviética poseía los dos mayores submarinos de su categoría: el SSBN Typhoon y el SSGN Oscar II. El SSBN Typhoon fue uno de los factores que llevo a la URSS a la bancarrota por sus costes de construcción y operacionales, elevados a tal punto que ni la propia Flota Soviética quería escuchar hablar de ellos o, al menos, eso ocurría con una parte del Alto Mando de la Flota. Aunque se puso la quilla de una séptima unidad, esta fue desguazada rápidamente tras el colapso de la URSS debido a al escaso avance y la necesidad de liberar espacios en las gradas de los astilleros. Por contra, el SSGN Oscar II, con un gran desplazamiento en inmersión, representaba una plataforma moderna y probada. En 1992 se había puesto la quilla de una unidad cuya construcción se paralizaría en 1997 por la carencia de fondos. Era un recurso estratégico y nadie se atrevía a mandarlo al desguace. Tras la tragedia del Kursk, gemelo de su clase, la Armada más que nunca quería ese Oscar II terminado y operativo con la Flota. Sin embargo, aunque ya en el año 2000 se había aprobado continuar con su construcción, de la financiación nadie había hablado…

Para 2004 se suponía el casco terminado, aunque no se le habían instalado los sistemas de combate ni los lanzadores de misiles y el Gobierno mantenía sus reticencias a aportar los fondos para concluirlo como SSGN. Finalmente en 2012 se tomaría la decisión de terminar el buque como proyecto 09852 y nombre Belgorod. La reforma del casco abandonado en Severodinsk fue de calado.

El Belgorod, durante su construcción y en base a imágenes satelitales, sería catalogado como el submarino más largo del mundo, algo que a tenor de lo visto en su botadura parece que no será así. Las modificaciones que han sufrido sus estructuras parecen haberse centrado en reducir tanto la eslora como la manga del submarino hasta los 178 y 15 metros respectivamente.

Con gran fanfarría y muestras de festividad pública, el 23 de abril del 2019 sería botado en los astilleros de Severodinsk. Aun queda mucho que hacer en este submarino y en los programas que le rodean, por lo tanto no es aventurado decir que pasaran años antes de que entre al servicio con todas sus capacidades operativas. Tal vez antes, eso sí, logren una entrada en servicio inicial con algunas capacidades aisladas.

El Belgorod, con tripulación de la Armada pero bajo el mando del GUGI, será la primera plataforma multiproposito para operaciones a grandes profundidades. Por un lado es la primera plataforma en la que se mantiene la capacidad de ataque con tubos lanzatorpedos convencionales de 533 mm. Además portará otro vector de ataque, esta vez estratégico, que aún se encuentra en desarrollo en Rusia, el Status-6/Kanyon/Poseidon (ver Número 3).

Seis de estos teóricos monstruos submarinos serán portados por esta plataforma. Como se teoriza, estos ingenios serán vectores estratégicos con el objetivo de atacar las costas de las naciones enemigas y con un teórico alcance intercontinental. Asimismo se especula acerca de la posibilidad de que el Belgorod tenga instalado un sistema de revolver giratorio en la proa que le permitirá lanzar hasta media docena de Poseidon.

No es la única función para la que ha sido diseñado; Su cota operativa se estima entre los 500 y 520 metros de profundidad. Será capaz de operar en conjunción con la plataforma para grandes profundidades Losharik y a través de la misma de llevar a cabo operaciones como la instalación de reactores nucleares modulares para el fondo marino, que proveerán de energía eléctrica a diversos sistemas de instalación fija. También servirá de buque de mando para la supervisión de dichos sistemas fijos en el fondo marino bajo el hielo Ártico, como es el caso del Harmony. Por último, será utilizado como nodriza de los UUV Klavesin-2P-PM, los cuales podrían descender hasta los 6.000 metros para diversas funciones.

Se antoja un tanto extraño que un submarino de este porte y complejidad, por no hablar del coste, sea empleado como una plataforma multipropósito tanto de ataque estratégico como de operaciones especiales a gran profundidad y de apoyo a la construcción de instalaciones submarinas. Su sistema de propulsión ha sido modificado con respecto a los SSGN Oscar II en los que se basa, con lo cual suponemos que su firma acústica se habrá reducido o, cuando menos, se habrá visto alterada. De cualquier modo, si su área de operaciones es bajo la banquisa ártica, el entorno sonar en el que operará le es favorable, aunque parece incompatible con el lanzamiento de los Poseidon desde dicho Teatro de Operaciones.

Es también hasta cierto punto incomprensible la mezcla de responsabilidades militares en la misma plataforma, donde entrarían la Armada Rusa como operadora del submarino y de su armamento táctico, el GUGI y por ende los Servicios de Inteligencia Rusos en las operaciones a grandes profundidades y uso de drones y de minisubmarinos y, por un tercer lado, aunque es una suposición al no estar implementado aún entre sus vectores estratégicos operacionales, las Fuerzas Estratégicas Rusas para el uso y despliegue de los Poseidon.

Todo ello nos da como resultado un submarino único, con un costo enorme y que operará desde el norte de la Rodina. Aún se encuentra en construcción en los astilleros de Severodinsk y poco a poco iremos conociendo más acerca de él, pero el saber que la Federación Rusa ha decidido proseguir con la construcción en este extraño invento en vez de sustituir la perdida del Kursk o simplemente incrementar las capacidades de combate convencionales de la Flota -que sufre la falta de buques de gran entidad-, a la par que detraer recursos de otros programas, nos debe dar un toque de atención sobre la importancia que se le asigna, no tal vez a la plataforma en si, sino a los programas asociados a ella.

La línea que une el programa estratégico Poseidon con el Belgorod, y por lo tanto con el GUGI, hace que debamos, como mínimo, plantearnos una pregunta relativa a otros dos curiosos submarinos de la Flota Rusa:

  • El B-90 Sarov (Proyecto 20120), que es también un submarino experimental, operativo con la Flota del Norte y encargado de las pruebas del Poseidon en la mar. También posee un sistema de propulsión híbrido que mezcla la propulsión convencional diésel-eléctrica con un pequeño reactor nuclear. Su implicación en el programa Poseidon nos hace pensar a priori que pueda tener relaciones con el GUGI, pero lo cierto es que su cota operativa relativamente normal, su puerto base en los astilleros de Severodinsk, del que apenas sale más que en contadas ocasiones y su misión absolutamente experimental, nos hace pensar que este submarino no se encuentra dentro del área de influencia de esta unidad.
  • El Khabarovsk (Proyecto 09851), que podríamos definir como Borei Stretch. A diferencia del masivo Belgorod, el Khabraovsk es más pequeño que la plataforma en la que se inspira, el SSBN Borei (Proyecto 955). Su construcción se inició en el verano de 2014 y ha sido anunciado como la plataforma estándar de uso de los Poseidon. Suponemos que con los avances tecnológicos actuales también será capaz de operar UUV de diversos tipos y modelos, pero no sabemos, al igual que ocurre con el Belgorod, si estará bajo el mando de la Armada Rusa, del GUGI o de las Fuerzas Estratégicas. Una vez más, la inversión que se esta realizando en esta plataforma nos demuestra un claro interés por el concepto. Tendremos que ver en qué terminan tanto la plataforma como su vector intercontinental asociado. Del Khabarovsk tan solo podemos especular que se basa en uno de los submarinos más exitosos de la industria naval rusa, por lo cual podemos esperar una relativa rapidez en la construcción, al menos en las partes comunes. Pese a esto, el alto grado de modificaciones que se han llevado a cabo en la parte asociada a su sistema de combate lo convierten en un proyecto complejo. Pueden transcurrir al menos 10 años hasta que esté totalmente terminado y operativo, siendo optimistas.

(Continúa...)

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