Efecto dominó

Las próximas decisiones de Italia pueden marcar el futuro de la industria aeronáutica europea


 

Efecto dominó

Las próximas decisiones de Italia pueden marcar el futuro de la industria aeronáutica europea

 

Por Esteban Vidal

 

Después de semanas de desconcierto (algo habitual en Italia), tras la crisis del anterior Gobierno, provocada por las decisiones de Mateo Salvini en el caso Open Arms (entre otros factores), el país transalpino cuenta al fin con un nuevo Ejecutivo que deberá tomar una decisión, a la mayor brevedad, sobre algunos de los principales programas aeronáuticos presentes y futuros. Los próximos pasos del país podrían tener un efecto en cadena sobre el resto de países europeos, decidiendo de forma indirecta el éxito o fracaso de iniciativas como el Tempest o el FCAS.

Italia, que es socio de Nivel 2 del programa F-35, deberá además decidir si aumenta su pedido hasta las 90 unidades, como se venía pidiendo desde hace tiempo tanto por sus Fuerzas Armadas como por alguno de los principales partidos políticos, como La Liga o si se queda con los 60 pactados inicialmente, pedido que también está en el alambre ante los retrasos a la hora de concretar los próximos lotes y los problemas de impago sufridos durante el pasado año y que llevaron a la propia Lockheed Martin a suspender las entregas durante un tiempo.

Decidir acerca de este programa es sin duda todo un reto para un nuevo Gobierno y un nuevo Ministro de Defensa que todavía deben cerrar el presupuesto del año próximo y que, además, se han encontrado con una serie de problemas heredados que afectan tanto a la extensión del Programa F-35 como, de rebote a importantes socios del país como Italia, Alemania, Francia, España o el Reino Unido.

Como explicamos hace un tiempo en esta página, partidos como el Movimiento Cinco Estrellas llevaban en su programa electoral la salida del programa F-35. Tan es así que la decisión final sobre el programa, que debería haberse adoptado el pasado año, fue postergada por las incesantes luchas de poder entre los dos socios del extinto Gobierno, el Movimiento Cinco Estrellas, de Luigi di Maio y la Liga de Mateo Salvini. Este último, por su parte, era un ferviente defensor de esta adquisición -y de la ampliación a 90 aparatos- no solo por sus bondades como avión de combate, sino también por los retornos tecnológicos e industriales que conllevaba para Italia. Lo consideraba, según sus propias palabras como «una inversión indispensable para el futuro del país».

Por si los problemas políticos internos no fuesen suficientes, un nuevo factor ha de ser tenido en cuenta a la hora de tomar una decisión sobre el F-35 y el futuro de la Aeronautica Militare y es que Italia, de la mano de su ex-Ministra de Defensa, Elisabetta Trenta, había acordado con el Reino Unido (representado por el ministro del ramo, Ben Wallace), unirse al programa Tempest, que pretende desarrollar un sistema de 5ª generación que sustituya a los Typhoon británicos (e italianos), durante una reunión bilateral en Helsinki la pasada semana.

Ahora, con el cambio de Gobierno, no queda claro si el actual Ejecutivo ratificará este acuerdo, algo que podría comprometer a su vez la decisión sobre el propio F-35 y provocar la retirada italiana del acuerdo en favor del futuro caza británico. De hecho, el acuerdo final debería firmarse en pocos días (citando los medios italianos, la feche elegida sería el próximo 11 de Septiembre, aprovechando la feria de defensa británica DSEI de Londres). Por desgracia para Elisabetta Trenta, no ha sobrevivido a los vaivenes de la política italiana y ha sido reemplazada por Lorenzo Guerini, miembro del Partido Democrático y ministro desde el pasado jueves. Dado que no forma parte del Movimiento Cinco Estrellas, cabe la posibilidad de que tenga sus propias opiniones sobre las necesidades italianas, añadiendo más incertidumbre al asunto.

Por otra parte, los socios del programa FCAS (Alemania, Francia y España) todavía albergan alguna esperanza de que Italia pase a formar parte del club contribuyendo así con una parte importante de los 8.000 millones de euros que se calcula que podrían costar los estudios de diseño y el desarrollo del futuro sistema de combate europeo, encabezado por Dassault, Airbus e Indra. Como es lógico, están aprovechando la situación política transalpina y la conformación del nuevo gobierno para presionar al máximo en este sentido, tratando de acercar el ascua a su sardina y de sumar un socio que, con su aportación, prácticamente garantizaría el futuro del programa, aun a costa de introducir exigencias que podrían ser contraproducentes a la hora de definir los requisitos y el diseño del mismo.

De esta forma, el cambio de Gobierno en Italia y la nueva orientación de los miembros del Ejecutivo, libres de la presión que ejercía Salvini en pro del F-35 podrían terminar en una carambola que implicase la salida del país del programa F-35 (lo que obligaría a extender la vida de sus Typhoon) y, de rebote, a acercar a Italia al FCAS en detrimento del Tempest, cuando solo quedan unos días para confirmar la entrada o no del país en un programa del que Leonardo ya es parte.