Revista Ejércitos – Número 11

Septiembre de 2019


 

Revista Ejércitos – Número 11

Septiembre de 2019

Seguramente casi nadie la recuerde, pero existe una comedia estadounidense de los años 60 que lleva semejante título y que fue protagonizada por el gran Carl Reiner (serie Ocean’s), y por Alan Arkin, ganador de un Óscar por «Pequeña Miss Sunshine». La película no es gran cosa, ciertamente, pero sin duda el título ha pasado a la posteridad y todavía es una frase que nos viene a la cabeza en más de una ocasión, especialmente cuando escuchamos las declaraciones de algún que otro mando de la OTAN o político nórdico o británico alertando sobre el peligro soviético ruso.

Es cierto que Rusia ha hecho lo indecible en los últimos años por recuperar parte de su antiguo poder. Por una parte, ha aprovechado la excepcional coyuntura económica de la primera década de este siglo, para invertir en sus Fuerzas Armadas y, por otro, con notable acierto ha sabido maximizar algunas de las oportunidades -no todas, ni mucho menos- que la indolencia europea, así como la retirada estadounidense y el posterior vacío han ido dejando aquí y allá, como podemos ver en Siria.

Ahora bien, esto no debe hacernos perder de vista que Rusia es un país a la defensiva y tampoco que, salvo en el Ártico, en donde tiene una genuina oportunidad de futuro y un auténtico filón si sabe aprovecharlo, solo intenta nadar y guardar la ropa, perdiendo lo menos posible ante el poderío estadounidense y el auge de un vecino, socio puntual y en muchas ocasiones competidor, como es China.

Dicho esto, el artículo que en este número dedicamos a los submarinos espía es importante, pues habla de una de las herramientas que permitirán a Rusia imponerse en este escenario, vista la ventaja que tienen sobre el resto de actores. Claro está, por sí solos estos submarinos no van a servir para dominar ninguna región, ni sus recursos, pero sí son una buena forma de negar a los demás la posibilidad de acceder, de conocer con antelación sus intenciones, de disuadir y, en última instancia, de coadyuvar junto con el resto de sus fuerzas militares y económicas a la hora de imponerse en el Ártico.

Eso por no hablar de las posibilidades a la hora de interceptar o negar las comunicaciones al enemigo, detectar los movimientos de sus buques o, mucho más interesante si cabe, desplegar ese arma de tercer uso de la que hablamos unos números atrás, el Status-6. Todo ello bajo un férreo control por parte del Kremlin, que controla estas unidades sin necesidad de rendir cuentas a nadie y puenteando a la propia Armada, un dato a tener en cuenta a la hora de comprender sus funciones.

No vamos a hablar solo de rusos, claro está. También le damos en este número un repaso a un concepto que en los últimos años está volviendo a la palestra, el del carro ligero. El coronel de caballería (r) Francisco P. Fernández Mateos nos ofrece una cuidada explicación de lo que realmente debemos entender por carros ligeros, así como acerca de sus funciones. Además, nos hace un repaso del panorama internacional que siempre es útil para saber por donde van los tiros.

Y hablando de repaso, nada mejor que leer el artículo de Roberto Gutiérrez sobre nuestro Ejército del Aire. Es, sin duda, un institución modélica, llena de buenos profesionales y que ha sabido sacar a cada una de sus adquisiciones un partido que nadie podría haber imaginado, gracias entre otras cosas a la genialidad de los técnicos del CLAEX. Ahora bien, se enfrenta a duros retos que, según se afronten, permitirán un futuro más o menos feliz. Cruzamos lo dedos.

Esperamos, ocurra lo que ocurra, que no termine como los británicos en Musa Qala en el año 2006, retirándose de forma bochornosa por razones políticas pese al heroísmo demostrado por sus soldados, a los que nadie ha reconocido todavía su sacrificio. Una actitud que no solo es propia de nuestros desagradecidos políticos, como veremos, sino que también es patrimonio de los pérfidos.

El resto de temas, que son unos cuantos y a cada cual más interesante, dejamos que los descubra el lector, con las esperanza de sorprenderle. Gracias a todos una vez más por estar ahí.

 

 

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